Génesis

Rara vez se empieza por el principio. Apelar al comienzo implica recordar, tarea nociva e ingrata de nudismo nemotécnico que destruye el difuso yo que habíamos alojado en la memoria, descubriendo nuestras verdaderas motivaciones: Vergonzantes, infantiles, simples y completamente ciertas.


Fue un sueño de grandeza el inspiró mi delirio,

que engendró una ingrata en mi estéril pensamiento,

buscando aguas profundas y estancadas, la senda

que lleva al corazón imaginario. Agazapada

tras la pupila insomne y el horla vespertino.


Con los labios empapados de avaricia

repetías:

“Tú eres lo que no tenía,

yo soy lo que te faltaba,

tú eres mi razón y yo tu alma”


Musa envenenada de mirar ardiente

mentón ufano y pómulo rampante,

donde el párpado declina, como hastiado

y la risa altanera se desmiente

en comisura agonizante.


Te esculpí con palabras

porque nada más tenía.

Nonatas escarbando en las entrañas,

funámbulas reliquias apicales,

travestidas renegadas del concepto

en la piel, en los genes, en la sangre.


Quedé presa en el silencio.

Ingenua fundadora de tu casta

de usurpadores

la novela nunca escrita

que acosaba mis noches.

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