Reiniciando

¡Cómo es la vida! Qué fuerza tan poderosa es esa que nos mueve, que, sin darnos cuenta, nos va llenando poco a poco hasta que un día, sorprendidos, nos preguntamos de donde la habremos sacado.
Que importantes son los demás en nuestra vida.

Vuelvo a empezar, pero no soy un ser nuevo, mi risa es más triste, las ojeras incipentes, el carácter más arisco. Vuelvo a las andadas, más prudente, más profunda, más apasionada. Igual de ingobernable y repentina, a golpe de arrebato que me otorga pequeñas dosis de valor y poca fortuna.
Las cosas vuelven a cobrar cierto sentido, no demasiado, pero suficiente.

Tú eres la razón por la que escribo aunque no siempre estés presente en mis palabras, el origen de todos los trazos de mi reciente insurgencia; fuiste, aún sigues siendo, la pequeña piedra que arrastra a su paso la montaña. Removiste cimientos, activaste, con tu mera existencia, oxidados engranajes de ideas. Eres mi inspiración porque de tí nacieron los primeros versos en años que no escupía envenenada: Los besos más sentidos/son los versos culpables...

Catorce sílabas para una revolución, cinco minutos de gloria que eclipsaron la inminente decadencia de mi vida, marcados a fuego en mi mente, rumiando sus secretos, como siempre, al caer la noche...

I-TENTACIONES


Los besos más sentidos

son los versos culpables,

avaros, fugitivos,

palpitantes.

Atrevidas y livianas

eternidades.

Besos arrepentidos,

besos que, de repente,

son cobardes.


Los besos contenidos nacen muertos

(prudentísimo verso inmaculado)

hilvanados por susurros virtuosos,

concebidos tras la nuca, en el éxtasis

que precede al descabello. Anhelas,

insaciable tumor del alma extinta,

refugio y carcelero de latidos.

Hipócrita sosiego computado

que rompes al compás mudo del verso.


II-REINCIDIENDO


No concibo otro lugar

mejor que aquí, contigo,

entre mi cama y tu pecho

al amparo de una realidad esquiva:

Quererte es doloroso.


Tras tantas de esas noches sin sentido

cuando nace el día, te confieso,

que disfruto al recordar lo que no has dicho,

embebida, devorando con mi pena

la palabra ausente. Merodeo,

coqueteo con el tiempo desolado

que nunca viviremos y, en secreto,

encamino hacia tus pasos mi vereda.


Pero se irá un día, se irá como vienen

las revelaciones, a traición. Una mañana

dejaré de esperarte tras mi puerta,

de buscar entre la gente, de aguardar

esa voz que susurre, ya inservible,

al corazón indiferente. Ese día,

aliviada, plañidera inconsolable,

no vivido y el más triste de mi vida.



III-REVELACIONES


Ahora, tras tres años, que no importa,

inventándome la vida que no quise.

Ahora que he forjado otros anhelos

descortés y largamente inesperado,

me reclama el deseo.


La verdad, te recordaba más guapo,

de cara impertinente y manos princesas,

dulce y soberbiamente listo, irresistible,

fatuo, raro e insolente. Él se ha ido.

Ahora sólo estás tú, un inquilino,

un farsante, un usurpador, un extraño,

bajo el quicio.


Duele verlo, es como ver

las ruinas de un viejo imperio.

Uno las mira y piensa: Dios,

qué pena da nacer, sabiendo,

qué tarde hemos vivido.

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