Incursión en el ella



Confieso que hace mucho que combato

mi apego inútil por los hombres,


aversión inexplicable hacia mi sexo,


(traición quizás, o autodesprecio,


simple soberbia, quién sabe...)


con no pocas razones bien fundadas


y sin éxito.


Caminando por las mismas calles,


nos vemos, saludamos, sonreímos,


hablamos una lengua que nos une,


amamos y sufrimos... Sin embargo


no gusto a las mujeres, es extraño


que yo también las odie y me idolatre.




Me promulgo bajo el canon de mi siglo,


baluarte feminista, adalid de clase,


alienante de un enjambre desalmado


que vindica con mi pan su manifiesto,


insoluble en lo que soy... El individuo


precipita hacia un abstracto monstruoso:


Sindicales del Suicidio, con voz dulce


para ajenas inquietudes expropiada.




Hoy todo lo ganado o recibido,


con esfuerzo, sudor, hambre y miseria,


lo fácil, imprevisto, gratuito... Todo


o es por ser mujer o a pesar de ello.


Fuimos malditas con conciencia de género.


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