Esbozos (2)

I

Sólo aspiramos a una vida irrelevante,
es siempre desear una pasión suicida
y aniquilarse único antídoto del ego.

II

Recordar duele,
añoramos una historia que no nos pertenece,
revivimos los males con la fuerza del hoy,
buscamos el futuro en lo que nunca fuimos.

La memoria desfigura y nos aferra
desesperadamente a un clavo ardiendo.

III

A veces las palabras fluyen solas,
como surgidas del papel
y no del cerebro que impulsa la mano.
Entonces esa mano no basta, ni existe
tinta suficiente para verter tanta sangre
y es tanto lo que quieres expresar
que se te escapa...

IV

Cómo explicar la falacia del lenguaje
con un instrumento de la mente.
Cómo describir con palabras que las palabras son mentira.




Quienes me conocen bien saben que padezco una extraña variante no diagnosticada del Síndrome de Diógenes: colecciono basura emocional, hasta la más chorra e inútil.

Agendas anacrónicas, poemas famosos, citas célebres en sobrecitos de azúcar, folletos de espectáculos a los que me hubiera gustado asistir, mapas de lugares no visitados, cartas de gente que no recuerdo, cartas que nunca llegué a enviar, listas de cosas que hacer en la vida, decenas de postal-free con dedicatorias etílicas, la sombrillita de papel de mi primer cóctel, trozos de corbatas y ligueros de dios sabe que boda, vitolas de puros, cartas de precios, entradas de conciertos y tarjetas de negocios ya cerrados... Naturalmente, guardo también absolutamente todo lo que he escrito, desde hojas de personajes y transcripciones de diálogos hasta cuadernos cargados de veneno.

Los esbozos tiene su origen en esas libretas paranoicas que he ido acumulando con los años a modo de crónica personal. Reflexiones, sin una sola explicación de los hechos que me impulsaron a escribirlas, que sintetizan los motivos recurrentes de los originales (demasiado largos, íntimos y repetitivos para publicarlos tan alegremente).

La última anotación data del 3 de marzo de 2007 y pareciera que desde entonces mi vida hubiera quedado en suspenso, agarrándome una y otra vez al mismo recuerdo, del que este blog no es sino una réplica cartográfica y desestructurada.

Y sin embargo, recorriendo aquellos testimonios, huellas de un camino ya olvidado, revivo mi presente y me siento más anclada que nunca al ahora. Tal vez porque, como decía Wilde, el único deber que tenemos con la historia es reescribirla.

4 Comments:

Raúl Sánchez Quiles said...

Bellos versos, sigue así, dando rienda suelta a lo que llevas dentro.

A ti te pido 20 segundos de tu vida para que leas alguna de las historias de http://www.hiperbreve.blogspot.com Quiero lectores críticos que dejen sus comentarios y, si crees que merezco un voto, pues adelante.

Hiperbreves S.A. en la categoría de ficción.

Raúl Sánchez Quiles said...

Bellos versos, sigue así, dando rienda suelta a lo que llevas dentro.

A ti te pido 20 segundos de tu vida para que leas alguna de las historias de http://www.hiperbreve.blogspot.com Quiero lectores críticos que dejen sus comentarios y, si crees que merezco un voto, pues adelante.

Hiperbreves S.A. en la categoría de ficción.

Farándula said...

Raúl (y ya me empiezo a cansar con esto)

1-Veo que mucho publicitar tu blog en los foros de 20 minutos y donde te cuadra, pero sigues sin saber poner bien la URL.

2-Esto no te pasaría si hubieras tenido la decencia de leer mi respuesta en el foro pero, claro, estabas demasiado ocupado subiendo hilos repetidos una y otra vez para promocionarte (con uno era más que suficiente y habrías obtenido mejores resultados).

3-No pienso votar a nadie que deje claro spam en mi blog.

Lo del concurso de 20 minutos da grima o, mejor dicho, dan grima muchos de los inscritos en él.

Buscaros una vida y dejadme tranquila.

hombreperplejo said...

Eso de la basura emocional me ha llegado al alma. Una vez me dio por unos sobrecitos de azúcar maravillosos con foto en el anverso y microbiografía en el reverso de músicos de jazz. Me parecía una joya de coleccionista y sólo los conseguía en una cafetería concreta (de la que fui asiduo hasta que agotaron su stock). Puede que tu variante del síndrome no sea tan extraña; te lo dice otro coleccionista de las "libretas paranoicas".