Metodologías poéticas: Italo Calvino

Quiero inaugurar con este post una sección de actualización aleatoria dedicada a las diferentes técnicas y métodos que los escritores, especialmente los poetas, usan en la concepción de sus obras.

No se trata de elaborar un manual de instrucciones al estilo de los talleres de creación literaria ni de recopilar poéticas personales. Mi interés no se centra en por qué escriben los demás sino en cómo lo hacen:

¿A mano o en el ordenador?, ¿de forma sistemática, con una cuidadosa planificación, o al ritmo de una musa voluble?, ¿se documentan antes de iniciar la obra o corrigen referencias a posteriori?, ¿cuáles son sus fuentes de inspiración: la memoria, la gente que les rodea, el arte, los periódicos...?, ¿tienen un horario de trabajo?, ¿prefieren escribir en soledad o buscan el estruendo de los bares?, ¿necesitan fetiches? -una pluma, un moleskine, una planta o mascota con las que hablar-, ¿corrigen hasta la saciedad o dejan los textos sin milimetrar?, ¿estructuras tradicionales, verso libre, prosa poética, verso blanco...?

De tenerlos ante mí estas y otras cuestiones conformarían un interrogatorio interminable. Algunas han sido respondidas por ellos mismos en libros, artículos, entrevistas y conferencias, pero se trata de material que, como suele ocurrir, sólo se encuentra en internet cuando uno ya sabe lo que está buscando.

Comienzo hoy con una joya de conferencia pronunciada por Italo Calvino, en inglés, el 29 de marzo de 1983, para los estudiantes de la Graduate Writing Divison de la Columbia University de Nueva York.

Este texto hace las funciones de prólogo en muchas ediciones de su obra más conocida Las ciudades invisibles, a caballo entre varios géneros e íntimamente ligada a la poesía tanto en su génesis como en su lectura.

El autor nos cuenta estas relaciones y reflexiona sobre qué es un libro

El libro nació lentamente, con intervalos a veces largos, como poemas que fui escribiendo, según las más diversas inspiraciones. [...]
Pero todas esas páginas no constituían todavía un libro: un libro (creo yo) es algo con un principio y un fin (aunque no sea una novela en sentido estricto), es un espacio donde el lector ha de entrar, dar vueltas, quizá perderse, pero encontrando en cierto momento una salida, o tal vez varias salidas, la posibilidad de dar con un camino que lo saque fuera. Alguno de nosotros me dirá que esta definición puede servir para una novela con una trama, pero no para un libro como éste, que debe leerse como se leen los libros de poemas o de ensayos, o cuando mucho de cuentos. Pues bien, quiero decir justamente que también un libro así, para ser un libro, debe tener una construcción, es decir, es preciso que se pueda descubrir en él una trama, un itinerario, un desenlace.


Explica su método de trabajo

Cuando escribo, procedo por series: tengo muchas carpetas donde meto las páginas escritas, según las ideas que me pasan por la cabeza, o apuntes de cosas que quisiera escribir. [...] Cuando una carpeta empieza a llenarse de páginas, me pongo a pensar en el libro que puedo sacar de ellas.


y los problemas que se encontró a la hora de dar un orden a los textos

Nunca he escrito libros de poesía, pero sí muchos libros de cuentos, y me he encontrado frente al problema de dar un orden a cada uno de los textos, problema que puede llegar a ser angustioso. [...] A partir del material que había acumulado fue como estudié la estructura más adecuada, porque quería que estas series se alternaran, se entretejieran, y al mismo tiempo no quería que el recorrido del libro se apartase demasiado del orden cronológico en que se habían escrito los textos.


Pero a medida que escribía ciudades, iba desarrollando reflexiones sobre mi trabajo, como comentarios de Marco Polo y del Jan, y estas reflexiones tomaban cada una por su lado y yo trataba de que cada una avanzara por cuenta propia. Así es como llegué a tener otro conjunto de textos y traté de que fueran paralelos al resto, haciendo un poco de montaje en el sentido de que ciertos diálogos se interrumpen y después se reanudan; en una palabra, el libro se discute y se interroga a medida que se va haciendo.


Finaliza la conferencia con las diversas interpretaciones y moralejas de los críticos han buscado en la obra:

Es aquí evidente que el parecer del autor está de más: el libro, como he explicado, se fue haciendo un poco por sí solo, y únicamente el texto tal como es autorizará o excluirá esta lectura o aquélla.


En conclusión, según Italo Calvino:
  1. La escritura es un proceso lento, de maduración interna, inconexo pero aglomerado en torno a hilos temáticos en los que se filtran las vivencias personales del momento que dan variedad y personalidad a un texto.

  2. Sin embargo, todo libro debe tener una estructura, un itinerario global y una lógica interna a cada composición, sin limitarse a ser una mera colección de escritos.

  3. Este camino se traza a medida que se escribe pero requiere reelaboración posterior. Es un trabajo de montaje similar al del cine, en el que las escenas se ruedan en un orden dependiente de factores externos (disponibilidad de los actores, decorados, ubicaciones...) para después pulir y procesar todo ese material, cortando, pegando, cohesionando estímulos diversos para formar un todo significativo.

  4. El texto es la única autoridad facultada para dar o restar validez a sus interpretaciones. La opinión del autor no es más o menos pertinente.


Termino con mi fragmento favorito:

Pero en todos los tiempos ha habido poetas y escritores que se inspiraron en El Millón como en una escenografía fantástica y exótica [...] Sólo Las mil y una noches pueden jactarse de una suerte parecida: libros que se convierten en continentes imaginarios en los que encontrarán su espacio otras obras literarias; continentes del «allende», hoy en que del «allende» se puede decir que ya no existe y que todo el mundo tiende a uniformarse.




Para los interesados en profundizar en el tema

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