El cacique

Marcial era de esos hombres que la gente,
como temiendo incumplir el protocolo,
sonreía con mutilado nerviosismo.

En la piel de quien se sueña imprescindible,
marcando el mismo funerala que su padre
diera en vida tras el viejo Capitán,
heredaba a nombre ajeno tres empresas
líderes en su sector, en permanente
expansión y amplias opciones
de promoción laboral: la conservera,
el economato militar de la Marina
y los servicios funerarios.

Todo el pueblo vio enterrar al candidato
a dos días de las municipales.

Marcial revalidó la mayoría.

Fajina. Oración. Que en paz descanse.




Este poema forma parte de una serie denominada personajes en la que trato de narrar la vida de un pequeño pueblo a través de sus habitantes. No es una historia en el sentido estricto del término -no tiene principio ni final definido (y dudo que lo tenga)- sino una especie de collage sostenido por contraste.

Aunque cada retrato pretende ser autónomo, al compartir sus protagonistas un espacio común, los textos también conviven y se relacionan entre sí, por lo que es recomendable haber leído lo anterior para tener cierta visión de conjunto. De momento tengo tres personajes más en la nevera, después ya veremos si el monstruito evoluciona o se queda en el intento (esto me pasa por no seguir los consejos de Poe y hacerme un plan de trabajo).

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