Espronceda y el canto a la libertad

El mes pasado contactó conmigo Isabel del Río, de la revista digital Yareah, para saber si podría colaborar con un artículo sobre la archifamosa Canción del Pirata. Se trata de una revista mensual bilingüe que cada mes dedica su número a una temática y en esta ocasión le tocaba el turno al Romanticismo. Como ya sabrán que los piratas es tema preferente en este blog acepté y escribí el texto -realmente nada que no se haya dicho ya- en el que intento explicar porqué es uno de mis poemas predilectos.


Canto a la libertad

Si hoy abordáramos por la calle a cualquier chaval solicitándole nos recitara de memoria un poema, la Canción del Pirata -concretamente, sus cuatro primeros versos- sería la respuesta más probable. Como también podrían serlo las rimas de Bécquer, el principio de Platero y yo, las azucenas de Garcilaso o el hombre a una nariz pegado de Quevedo.

Esto no demuestra la mayor virtud de uno u otro poeta, únicamente pone de manifiesto la concienzuda obsesión de nuestros maestros por grabar a fuego los únicos poemas que la mayoría lleva, junto a otros datos inútiles, por toda compañía vital; malgastado empeño que bien podrían haber empleado en inculcar un poco de gusto por la literatura. Pese a tan ingrato recuerdo de escuela, nuestro pirata permanece en la memoria colectiva de nuevas generaciones a ritmo de Hip Hop y golpe de guitarra eléctrica: aventurero, fuera de la ley que se enfrenta sin temor a la muerte, porque se sabe libre y, por tanto, victorioso.

¿Qué tienen los piratas, y este en concreto, que tanto nos apasionan? Sentado en la popa de su navío Asia a un lado, al otro Europa, es decir, en el estrecho del Bósforo, puerta al último mar que cruzaran los Argonautas, el pirata de Espronceda contiene a todos los marinos que han poblado las historias del hombre: es a un tiempo John Silver y Sandokán, Mary Read y Anne Bonny, Barbanegra y Jacaré Jack; el pirata Roberts, el capitán Garfio y Jack Sparrow. Personajes, reales o imaginarios, crueles, idealizados o paródicos con un único elemento común: hombres libres que lucharon por escapar de las normas de su tiempo, refugiándose en el mar.

Porque no debemos olvidar que La Canción del Pirata se enmarca en un contexto más amplio, el canto a la libertad que subyace a toda la obra de Espronceda y al Romanticismo. Libertad que sólo se encuentra más allá de lo convencional, en figuras marginales: los cosacos del desierto, el reo de muerte, el mendigo. Lo que hoy llamaríamos una poesía social o de compromiso, sin desligarse por ello de una fuerte tendencia a la evasión.

Decía Baudelaire ¡Hombre libre, tú siempre preferirás el mar! / El mar es el espejo en que tu alma se mira y tal vez sea por eso que la canción de Espronceda ha sobrevivido con tan buena salud al paso del tiempo. Ahora que los modernos piratas de la costa somalí nada tienen de romántico, que navegamos inmersos en la red y el mar se ha convertido en autopista comercial y campo de batalla pesquero, necesitamos más que nunca poemas como este. Porque nos miramos en ellos como antes mirábamos al mar: dejándonos arrullar, reconociéndonos.

4 Comments:

(!) hombre perplejo said...

Y además... está muy bien escrito, qué caramba !)

Añado a tu relación a un par de hombres libres aunque cautivos del océano: Simbad y El Corsario de Hierro.

Farándula said...

Perplejo: Está claro que se podrían haber añadido muchos más a la lista pero me pidieron unas 450 palabras y ya me pasaba del tope. También me quedé con las ganas de haber puesto el poema de Baudelaire completo, así que lo dejo por aquí:

EL HOMBRE Y EL MAR

¡Hombre libre, tu siempre preferirás el mar!
La mar es el espejo en que tu alma se mira,
en su onda infinita eternamente gira,
y tu espíritu sabe lo amargo saborear.

Hundiéndote en su seno, desnudo para el viaje,
la acaricias con brazos y ojos; tu corazón
se distrae muchas veces de su propia canción
al escuchar la suya, indómita y salvaje.

Los dos sois tenebrosos y a la vez sois discretos:
hombre, nadie ha llegado al fondo de tu abismo;
¡oh mar!, nadie ha llegado a tu tesoro mismo;
¡con tan celoso afán guardáis vuestros secretos!

Y entre tanto que pasan siglos innumerables,
sin piedad y sin miedo uno y otro atacáis,
de tal modo la muerte y el combatir amáis,
¡oh eternos luchadores, oh hermanos implacables!

Julio said...

Adoro Baudelaire y el Spleen es una maravilla para orgasmarse y volverse a orgasmar.

Te dejo un lindo soneto en escritura automática:

Por cien poemas por banda,
pluma en ristre a toda vela,
¿Patricia Martín correvuela?;
¿es poeta bergatina?

Poeta pirata; la llaman
por su cadencia "la pausada"
en toda la web conocida
del uno al otro confín

(ruptura)

Se preguntan inquietos los fanes
si tendrá la corsaria el arrojo,
al premio con un verso en inglés.

¿Milagros de peces y panes?
No cuento con ello, sosa,
a ritmo de verso por mes.


(pero te adoro igualmente) ^_^

martincid said...

Me encanta tu blog. Los piratas al poder y viva la mar sin fronteras