¿Algún quebranto?

En mi última entrada publiqué un poema Propicios días, un tanto anárquico al que Julio respondió con un análisis muy acertado ante el que siento la necesidad de responder y extenderme en algunas ideas que tal vez merecerían mayor desarrollo. Lo habitual habría sido hacerlo en los comentarios, pero finalmente me quedé sin caracteres, así que publico aquí el comentario por partes y las respectivas respuestas/ampliaciones:

Estás queriendo decir que la rebeldía y los antisistema apestan porque se ha vuelto una moda?

En la primera parte entendí eso, hasta el Disclaimer.



La primera estrofa la escribí hace más de un año, en lo que iba a ser un ataque contra lo políticamente correcto y esa absurda idea por la cual debo comerme con papas una gilipollez por una supuesta cuestión de "respeto" mal entendido que implica autocensura, es decir, faltar el respeto a la primera persona a quien se lo debemos: nosotros mismos. En un principio esa era la base del texto y de eso debía tratar al completo -en cierta manera lo hace- pero se fueron colando más y más ideas

Primera: estoy hasta los ovarios de la peñita que va, cual Che Guevara, de revolucionaria por la vida y no son más que pura pose. Aparte de lo absurdas que me parecen las contradicciones de esta gente (Puta España, Patria o Muerte y paz para todos, hermano suelen salir de la misma boquita de piñón) hay otra cosa que me carga. Vamos a ver, si me parece muy bien que cada uno vista, opine y comulgue con las ruedas de molino que mejor le vengan, pero lo que no le aguanto a nadie es que, a la mínima discrepancia, pases automáticamente a ser "el enemigo".

Segunda: De la autoayuda y el management poco tengo que añadir que no sepas. Es lo mismo que con los guerrilleros de antes. No hay voces discordantes y, si las hay, o son parciales (en plan dices que tiene cosas buenas y tal) o eres un intolerante. Pues mire usted, a mí la autoayuda (¿por qué no llamamos a las cositas por su nombre? la New Age, porque no es otra cosa) no sólo me parece inútil, sino que voy más allá: es dañina, tóxica, contagiosa como la peste.

Hace poco dos compañeras de trabajo hablaban del gran Coelho y no se qué pulseritas de semillas que atraían las buenas energías. Como yo andaba callada como un muerto -por eso de la educación, como abriera la boca reventaba- trataron de meterme en el tema. Yo les respondí sucintamente con un "yo no creo en esas cosas". Todo muy correcto. Pues bien, eso tuvo como consecuencia:

a) Una charla de dos horas explicándome el maravilloso mundo de las energías y cómo debía cambiar mi actitud al respecto, aderezado con un soniquete "si leyeras tal libro lo entenderías... es que si pudiera explicártelo como en ese libro... ¡tienes que leer ese libro!" (o sea, que a esta mujer la iluminación le vino con uno de estos ensayos inocuos, avalados por la gente de bien)

b)Un malestar interno que amenazaba con provocarme una úlcera en ese mismo instante -malestar que permanece cada vez que lo recuerdo- y la impotencia de tener que reservarme mi opinión, edulcorándola con algún leve argumento en contra, en vez de soltar la frase cuartelera que me rondaba...

Mi sargento, con todo el respeto y la consideración: es usted gilipollas


Luego me parece leer una crítica a los ochenta como influjo de generaciones posteriores -¡pero tu eres jovencita aunque hayas vivido mucho y no te toca esa época, ¿no, o me equivoco?!-, un influjo negativo, donde se han cambiado la escala de valores; hay una inversión.

Pero como salta el poema de la argumentación personal a la ironía, puede que lo que es ironía sea argumento o viceversa. ¿Voy bien? ^_^


Yo no viví los ochenta como adolescente -reserva del 81- pero nací a tiempo para la llegada del vídeo, la carta de ajuste, los punks -incluso convencí a mi madre para que me dejara hacerme la pseudocresta que se gastaba Julia Otero por entonces- y sí, jugué con las chapas y el sancheski. Toda mi vida me he relacionado con gente entre 3 y 10 años mayor que yo, y para mí los ochenta terminaron con una mudanza (de Bilbao a Canarias), así que el cambio de década implicó un cambio de mentalidad, de entorno, de gente. Una nueva vida. En cierto modo, la siento como mía, aunque por años quizá fui más consciente de los noventa. Por eso digo que estoy a caballo entre amarillos y azules.

Es una relación de amor-odio, el mero hecho de que los ochenta hayan quedado reducidos a las marcas que consumíamos y los dibujos de la tele dice mucho de cómo entendemos las cosas hoy. Si enciendes cualquier canal infantil verás el bombardeo de anuncios para que los padres ochenteros compren a sus hijos Maya, Heidi, Marco, etc... alegando sus "valores morales y pedagógicos", asumiendo que los dibujos de hoy no los tienen. Como si la educación, la historia, la literatura, la libertad de expresión y hasta las matemáticas la hubiéramos aprendido viendo la tele.

Vale, fueron "mis marcas" y "mis dibujos", yo también los recuerdo con nostalgia, pero más importante es otra cosa: nuestros padres nos echaban a la calle, ibas donde te daba la gana y no volvías hasta que era de noche. En el instituto salías como Pedro por su casa sin que nadie preguntar dónde. Hoy a mi hija no le dejo ni cambiar de columpios sin avisarme no la vaya a raptar un psicópata... éramos más libres Julio, y les [nos] hemos negado esa libertad a nuestros sucesores vendiéndoles una falsa ilusión de rebeldía online, comida sana, productividad y bordes redondeados. Es la única que tienen.

Un popurrí de conceptos e ideas que bullen a tu alrededor: lo has cogido todos por las orejas, y los has ido desgranando para concluír con el refugio en el ser interior: no existe el nosotros, ni el ellos, ni elección: yo soy mi revolución -aislamiento, desencuentro con el otro y la masa social-, y este es mi juego, es decir, mi opción.

El problema es que ahí no hay una sola idea, sino muchas mezcladas un poco como me fueron viniendo. La conclusión -el refugio interior, la individualidad- es acertada pero al citar "no existe el nosotros, ni el ellos" falta otro elemento importante, el "afuera". Hoy en día mucha gente está cansada de la dicotomía nosotros/ellos, Defcondos decía si estás con nosotros, estás contra ellos / te guste o no, ya no hay término medio, pero eso ya no vale. Porque la línea entre sistema y antisistema es confusa y los segundos adoptan nuevos métodos que llevan a los mismos errores: destierro de toda crítica "políticamente incorrecta", adhesión incondicional, manipulación informativa, negación, balonazo y a la contra. Eso es rebelion.org, por poner el ejemplo más claro en la red. En este caso ya no hablamos de moda -asumo que creen en lo que hacen-, sino de empedrar el camino del infierno con buenas intenciones.

A efectos prácticos el hartazgo de ambos discursos ha llevado a una nueva postura definida por la inacción o la acción "al margen". Los agnósticos, outsiders, alternativos que se declaran fuera del circuito porque "la única manera de ganar es no jugar". Yo digo que tampoco existe esa opción, porque, aunque no participes, el resultado de la partida te va a afectar, no habrás tomado parte en ello, pero estarás jodido igualmente.

José María Fonollosa lo tenía muy claro:

El mundo nos resulta ajeno, inhóspito.
Debiera ser destruido por completo.
Construir un mundo nuevo sin sus ruinas.

Y estrenar una vida diferente.

Pero al pasar el tiempo el nuevo mundo
tampoco hallarán propio nuevos hombres.
También ellos querrán un mundo nuevo.

Mejor fuera destruirlo y no hacer otro

Antes citas las referencias sobre las que se sustenta el poema. Sobre todo, lo que hacen es desenmascarar un hipotético "cómo funciona el sistema x", y tu poema refleja un batiburrillo de ideas que son fruto de compartir el análisis de estos artículos.

Noto un ritmo en quiebra constante, que refleja esas ideas que se van desgranando, como punzadas, y un rechazo claro a los que se limitan a quejarse pero no va más allá de la queja verbal.

Es decir, las actitudes son propias de la ideología y el estado histórico actual en el que estamos, y cuando en otra época pudo ser X, esta sociedad que ha precipitado el control de los medios y de la información como eje transversal vive de mensajes que van perturbando y creando orificios en nuestro cerebro: haz esto, no lo otro, lee autoayuda, haz ejercicio, no comas grasas, machaca a Pérez Reverte XDD

La segunda parte se me antoja más críptica.

Está todo súper condensado. Es muy rico en argumentos. Es un poema denso.


La verdad es que no pensé que pudiera resultar críptico -confuso, raro, contradictorio, sí, pero no difícil de descifrar- y puse las referencias precisamente para que quedara todo claro.

El problema no es sólo los mensajes que nos inundan, sino que, viviendo como lo hacemos en la era de la información, todos los mensajes diferentes son, no ya eclipsados, sino que directamente no se pronuncian por miedo a no ser aceptados o herir una u otra sensibilidad.

A esto hay que añadirle otro matiz sutil: el mensaje no es "come bien y ayúdate a tí mismo", que es algo con lo que podría incluso estar de acuerdo, sino que se articula de la siguiente manera:

a) Te creamos una carencia ficticia: debes, necesitas ser más productivo-sano-optimista / eres un infeliz oprimido por el sistema
b) Te conminamos a compensarla: ¡Actúa!/¡Libérate!
c) Te vendemos el manual de instrucciones en vez del "remedio": Lee este método milagroso / Lee lo malos que son, pásalo

¿Qué tal? ¿Me he enterado de algo o ni puta idea? Soy unineuronal, no pidas mucho XDDD, pero de verdad que es de lo más críptico y hermético que te he leído y he leído ultimamente.

Pues eso, que para no enterarte lo has clavado...

1 Comment:

Julio said...

De mi artículo "¿No te ayuda la autoayuda?". Disculpe, seño, la pedantería y el "copipeist":

"Hay un amplio abanico de personas que sienten que la solución a sus problemas está en su "interior", que necesitan "trabajar" su personalidad y que si no han conseguido determinados éxitos, es porque son, básicamente, "torpes emocionales".

Nada más fácil que ahondar en la imperfección propia para establecer un sistema "factible y serio" para autoanalizar nuestra conducta frente al patrón de ideal que nos establece el autor del mismo."

"Como todo, la autoayuda tiene un espectro de población, una "presa fácil" para las editoriales, mostrando una guía -¿no decía Bucay en El camino de la autodependencia que no había que buscar "bastones"? Pues su autoayuda lo ES; sus libros deberían denominarse metaautoayuda -donde encontrar una catarsis- porque esto no lo decide un psicólogo: esto lo decide el propio lector, tras hacerse una comparación interesada entre la línea desarrollada por el autor del manual y él mismo, cosa que el escritor sabe perfectamente-."

A veces me salgo XDD.

Una cosa: ¿me pasas el tlf de tus compis? Pa' grabarlas en el youtube... XDD

En cuanto al resto, críptico es un mal adjetivo. El tema es que son conceptos que te hacen meditar y enlazan con psicología, sociología, antropología, etc. y al saltar de uno a otro, se produce un choque -lo que le da fuerza al poema, un mérito- y uno se queda diciendo "la está liando parda..."... ^_^

Creo que esa idea de la rebelión y los antisistemas que han sido absorbidos y son moda más que una alternativa para cambiar el estado de algunas cosas es inspiradora. Delicada. Pisacallos.

A mí me ha gustado por lo arriesgado, el ritmo intenso y el zigzagueo de ideas que van cayendo como cuadraditos del tetris, pero de dos toneladas.

Tienes que pedirte un punching ball por reyes con la cara de Cohelo para hostiarlo y soltar esa mala leche -hala, ya salió la autoayuda-... XDD

Que sí, me gustó. Luego lo oigo. Si saco artículo inspirado por este, enlazo como un campeón. Besooo. ^_^