Bookcrossing y bibliotecas

Actualización 22/12/2010: ha habido algunos problemas para acceder al documento con el listado de zonas oficiales en bibliotecas, debería estar arreglado.

El siguiente artículo se publicó el 25 de enero, en el blog de SEDIC (Asociación Española de Documentación e Información) con el equipo de Bookcrossing España, del que formo parte, como firma invitada. El contenido se encuentra bajo licencia Creative Commons Atribución-No comercial 2.5 España




Bookcrossing y bibliotecas

Como profesionales de la información y, particularmente, de las bibliotecas, es probable que alguna vez haya llegado a sus oídos la palabra bookcrossing, asociada a otros términos como libros libres o libros viajeros... pero sin tener muy claro en qué consiste exactamente.

En realidad Bookcrossing es una actividad de mecánica simple: coger un libro, registrarlo en bookcrossing.com y olvidarlo (liberarlo) en un lugar público para que otro lector lo encuentre, lo lea -o no- y lo vuelva a poner en circulación dejando constancia del hecho en esa misma web. Allí pueden ver qué libros se están liberando, en qué lugares y, si tienen espíritu aventurero, ir de caza.

La peculiaridad de esta forma de compartir y dar vida a esos ejemplares que hoy permanecen inmóviles en nuestras estanterías reside en la capacidad de hacer un seguimiento de su viaje por el mundo mediante un número de registro único -llamado BCID- que es anotado en el libro junto a una etiqueta explicativa:




¡Hola! Soy un libro muy especial. Mira estoy viajando alrededor del mundo haciendo nuevos amigos. Espero haber encontrado otro amigo contigo. Por favo, visita www.bookcrossing-spain.com e introduce mi nº BCID (mostrado más abajo). Descubrirás dónde he estado y quién me ha leído y podrás hacerles saber que estoy a salvo, a salvo aquí, en tus manos. Y después... ¡LEEME Y PONME EN LIBERAD!

La idea nació oficialmente en el año 2001 de la mano de Ron Hornbaker, inspirado por otras iniciativas similares que ya existían para los billetes o cámaras fotográficas y que a día de hoy sigue extendiéndose a otros ámbitos: bicicletas, postales, campañas publicitarias o incluso versiones diferentes del propio bookcrossing con sistemas de registro independientes: webs sólo para intercambios, clones, liberaciones limitadas a una lengua concreta, etc...


-Bueno, todo eso está muy bien y no quiero chafarle el discurso pero, verá, mi trabajo va precisamente de conservar libros en estanterías... es que soy bibliotecario ¿sabe?

Aunque se suele decir que bookcrossing pretende "hacer del mundo una gran biblioteca", la realidad es que su funcionamiento y el espíritu que las anima es muy diferente. Archivos y bibliotecas tienen como objeto preservar un fondo documental y bibliográfico accesible y permanente, son lugares a los que uno acude esperando encontrar aquello que busca. Sin embargo el bookcrossing es, por definición, efímero, son los libros quienes salen a la calle y te encuentran. Préstamo y liberación podrían considerarse actos complementarios.

Pero los bookcrossers o beceros no sólo liberan libros. En estos nueve años de vida el movimiento ha generado una numerosa comunidad de lectores que comentan en blogs, foros y listas de correo, existiendo réplicas de la web americana en los países donde la actividad se ha consolidado, como España y México o blogs dedicados como en Argentina. Allí se organizan encuentros, liberaciones temáticas, intercambios, sorteos, clubs y cadenas de lectura.

Algunos de esos usuarios representan a empresas o instituciones que han dedicado al bookcrossing un espacio físico en sus dependencias, lugares donde cualquiera puede dejar o recoger estos libros viajeros sin miedo a que se estropeen a la intemperie o el barrendero los tire a la basura. Son las llamadas Zonas Oficiales de Cruce, y es en este punto donde creemos que las bibliotecas tienen mucho que decir.


-¿Por qué crear una zona oficial? La biblioteca ya tiene libros de sobra a disposición de los usuarios.

Por la misma razón que se crean bibliotecas móviles, stands en las ferias del libro, carpas a pie de playa, lecturas públicas, cuentacuentos o cualquier otra forma de difusión. Ofrecer libros en modalidades diferentes al préstamo no resta usuarios a la biblioteca, por el contrario, atrae a un tipo de lector diferente y puede llegar a personas que jamás pisarían una (hay zonas oficiales en bares, discotecas, sucursales bancarias, agencias de viajes...).

Su base cultural y lo peculiar de su sistema -informal, gratuito y apolítico- la convierten en una actividad bien recibida por las instituciones y con cierta repercusión mediática, pudiendo integrarse perfectamente como parte de las campañas de fomento de la lectura y promoción de la propia biblioteca: los libros que salen de a la calle se convierten en una extensión ambulante de la misma y los procedimientos burocráticos se minimizan, reducidos al registro y etiquetado inicial.

También es interesante recalcar que los libros libres no pagan canon al no existir una puesta a disposición de las obras de forma permanente; una vez retirados de la zona oficial por el usuario, es éste quien decide -para bien y para mal- el destino que va a darles. Puede ser una forma de dar salida a los donativos que la biblioteca no puede absorber o mover fondos que han permanecido desapercibidos durante largo tiempo.

Por otra parte el desprendimiento de objetos materiales que ya no necesitamos para que personas desconocidas lo disfruten, junto al componente de aventura que implica la liberación posterior, poseen un carácter didáctico que puede ser especialmente aprovechado por las bibliotecas escolares (por ejemplo, organización de una "búsqueda del tesoro" con libros libres o cadenas de lectura -llamadas bookrays- en las que el último lector debe liberar el libro)

Y si nada de esto le convence, siempre puede preguntar sus motivos a las 196 bibliotecas que ya tienen una zona oficial.




Para saber más:

Cómo crear una Zona Oficial

  • Habilitar un espacio (mesa, estantería o similar) específico para los libros. La experiencia demuestra que es mejor un lugar visible que no requiera permiso para acceder.

  • Registrarse como usuario en la web de bookcrossing (sólo es necesario aportar nombre de usuario y dirección de correo electrónico)

  • Registrar y etiquetar los libros que vayan a liberarse con su número de identificación (BCID)

  • Es recomendable poner un cartel como este indicando que se trata de una zona oficial, así como folletos explicativos y que las personas que trabajen cerca de la misma estén informadas.

  • Finalmente, contactar con Bookcrossing España, indicando la dirección, contacto y URL del usuario para añadirla a la lista de zonas oficiales.

Webs y materiales de interés


1 Comment:

Albert said...

Lo del bookcrossing es una idea muy buena. Ocasionalmente he encontrado algún ejemplar liberado en algún parque, creo incluso que en la biblioteca municipal de mi zona hay una mesa para ello.
Esta actividad es una muestra más de la cultura del intercambio que genera solidaridad, valor éste un tanto olvidado, inmersos como estamos en la cultura de "lo mio".