Territorio ocupado

No vivo aquí, pero estoy en casa.
Esa es mi silla de cocina, aquel estante
donde el café rehuía ojos extraños
emparedando confidencias.

Carezco de poder sobre estas tierras
que me han visto gestar cada batalla;
guardo su clave, aun reverberan
campanas por mi nombre en el rellano,
sin ser mi hogar yo soy su gobernanta.

Reclamo, en justicia, se me expida
patente registral de pertenencia:
Es mía por derecho de conquista.




Con este poema pretendo dar inicio a una nueva serie dedicada a las viviendas en todos sus aspectos. Raro es que no haya tratado nunca el tema teniendo en cuenta que, tras una década de independencia parental, he peregrinado ya por diez pisos (a veces dormitorios) compartidos y tres barracones. Eso sin contar las mudanzas infantiles -mi señora madre es culo de mal asiento- ni estos territorios ocupados que hoy traigo al blog, casas asiduamente visitadas que acabaron convertidas en segundos hogares, puntos de visita obligada o centros logísticos de las amistades en vigor.

Realmente he visto cosas que no creeríais... y tal vez algún día -cuando hasta el recuerdo más penoso acabe por parecer divertido- cuente esas historias, pero hasta entonces intentaré desgranar sólo la parte lírica del viaje.

1 Comment:

vittt said...

el hogar es uno mismo, el secreto es no dejárselo olvidado en la mudanza