Funcionarios, expolíticos y clases pasivas

Un pequeño apunte sobre el decretazo del 3 de diciembre donde, entre otras muchos cambios que recomiendo leer, se incorpora a los funcionarios de nuevo ingreso al Régimen General de la Seguridad Social a efectos de protección frente a los riesgos de vejez, incapacidad y muerte y supervivencia. Medida con la que uno podrá o no estar de acuerdo (de hecho, debido a los cambios legislativos, existen muchos funcionarios que sí están incluidos en el régimen general) pero de la que queda exento un grupo de privilegiados trabajadores al servicio de la ciudadanía.
Dice el artículo 20.1 (las negritas son mías):
1. Con efectos de 1 de enero de 2011 y vigencia indefinida, el personal que se relaciona en el artículo 2.1 del Texto Refundido de la Ley de Clases Pasivas del Estado, aprobado por Real Decreto Legislativo 670/1987, de 30 de abril, excepción hecha del comprendido en la letra i), estará obligatoriamente incluido, a los exclusivos efectos de lo dispuesto en dicha norma y en sus disposiciones de desarrollo, en el Régimen General de la Seguridad Social siempre que el acceso a la condición de que se trate se produzca a partir de aquélla fecha.
¿Y cuál es el personal en cuestión? Básicamente todos los empleados públicos, con una sola excepción, la establecida en el apartado i), formada por:
Los ex Presidentes, Vicepresidentes y Ministros del Gobierno de la Nación y otros cargos referidos en el artículo 51 de este texto


Es decir:
  • Ex Presidentes del Congreso de los Diputados y del Senado, del Tribunal de Cuentas y del Consejo de Estado
  • Ex Presidentes del Tribunal Supremo de Justicia y del Consejo General del Poder Judicial
  • Ex Presidentes del Tribunal Constitucional y los ex Defensores del Pueblo y Fiscales Generales del Estado
Gracias a la última reforma ortográfica, el término expolítico se aleja de su origen etimológico, las ilustres polis griegas, para asemejarse al de su significado real: expolio, despojar de ropa y armas a los gladiadores fallecidos antes de tirarlos a la fosa común, todo ello tras la recreación circense del distinguido populacho.

Pueden llorar, motivos no faltan.

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